Redacción Sociedad
Un
recorrido por cada uno de sus espacios permite descubrir una infinidad
de conocimientos. Se trata de depositarios de miles de especies
de gran valía científica.
Alejandra
Camacho, especialista en museos de ciencias, especifica que cada uno se
caracteriza por cinco funciones: colectar, conservar, investigar,
educar y exhibir los objetos o especies de gran importancia.
Se
trata de espacios destinados a la
investigación para estudiantes y público en general.
La afirmación del herpetólogo Luis Coloma es que “estos museos
almacenan mucho conocimiento por ser los centros de investigación y
de educación. Pues, allí reposa información, incluso, muchas
veces, insospechada, por falta de una suficiente difusión”. Pero lo
trascendental es que, este saber, constituye un verdadero patrimonio
nacional, según reza la Constitución.
En Quito, por ejemplo, están el Museo de Zoología de la Universidad Católica o el Museo Ecuatoriano de Ciencias Naturales.
Pero según la nueva teoría de la Museología, en esta lista también
entran sitios como los vivarios. La consideración de Camacho es que
ahora también se incluye a todo lugar donde se
conserven especies en vivo o preservadas y que sirvan para educar.
Del origen del universo, el homo sapiens y más
Que una gran explosión dio origen al universo. Que la
evolución de los seres vivos hasta llegar al homo sapiens... Estos y
otros temas fueron explicados con lujo de detalles por los biólogos
José Luis Román y Fredy Trujillo a los alumnos
del quinto ciclo del Instituto Tecnológico de Hotelería y Turismo
Internacional.
Para eso se valieron de murales, restos
fósiles hallados en diversas partes del país y diferentes réplicas como
la de un dinosaurio mecanizado y de un mastodonte.
El Museo de
Historia Natural ‘Gustavo Orces V.’ de la Escuela Politécnica Nacional
es el sitio para aprender sobre la teoría de la evolución del
universo. Pero en particular de la Tierra y sus etapas, además
de sus habitantes durante millones de años.
Cada
visitante a este lugar, puede aprender temas como el que
los primeros seres vivos que habitaron los mares: medusas, plumas de
mar, estrellas de mar... Millones de años después sobre la aparición de
los anfibios y reptiles o el Período Jurásico (hace 204 a 130
millones de años).
Sin embargo, no podía faltar las
diferentes etapas desde cuando apareció el homo sapiens en el planeta.
Incluso se habló de cómo este fue influenciando sobre los demás
seres vivos y hasta su presencia en suelo ecuatoriano. Aparte de cómo
se realizan los diferentes descubrimientos de fósiles.
En un recorrido de casi una hora también se transita por la recreación de las diversas áreas protegidas del Ecuador actual.
Los murciélagos y ratones tienen su propio paraíso
Gabriela Arévalo manipula con sutileza una pinza y una tijera
quirúrgica. Esta estudiante de la Facultad de Biología de la Pontificia
Universidad Católica del Ecuador (PUCE) trata de abrir un orificio
sobre el estómago de un pequeño murciélago para extraer los órganos.
Otros ejemplares, que fueron atrapados en una reciente salida al
campo, sobre una bandeja, esperan igual tratamiento.
Tras
la extracción y un proceso de preservación en etanol (alcohol al 75%),
el espécimen pasará a ser parte del Museo de Mastozoología de la PUCE.
Este es una suerte de paraíso donde 9 500 ejemplares
de mamíferos, tras ser catalogados, reposan en una posición inerte.
En
una serie de gavetas están clasificados de acuerdo a la taxonomía y
bien conservados ejemplares de murciélagos, roedores, marsupiales,
armadillos... De estos últimos se mantienen los caparazones. Hay uno
que recuerda al casi extinto, armadillo gigante de la Amazonia. También
hay pieles, cráneos y más órganos.
Esta es la fuente de
conocimiento para aquellos apasionados por el mundo de los murciélagos.
Claro que este, al igual que el de Herpetología, no está directamente
disponible para el público en general. Antes hay que pedir autorización
justificando la razón de la visita, sobre todo con fines
investigativos. Pero una de las estrategias
para difundir su riqueza son los artículos, libros, páginas
web y exposiciones.
La biodiversidad del país tiene una réplica casi exacta
Martha Espinoza se enorgullece de que su museo conserve
ejemplares de 18 de las 21 órdenes de aves del país.
Además, se trata de una réplica de la biodiversidad
ecuatoriana.
Aparte del emblemático cóndor, en este sitio se
puede mirar familias de tucanes, gavilanes,
loros, pavas, lechuzas, búhos, gaviotas, patos, pollas de agua.
También
se exponen mamíferos naturalizados (disecados en pose natural). Hay
especies como la capibara, el jaguar, monos, perezosos, ardillas, lobos
de páramo.
Entre los reptiles sobresalen los caimanes, boas,
cocodrilos, iguanas, lagartijas, incluso, una tortuga gigante de
Galápagos.
Y como para sorprenderse están los peces, algunos de
ellos óseos como el bagre o cartilaginosos como el
tiburón y el pez martillo. Además, de algunos invertebrados como
cangrejos, moluscos, conchas, langostas, mariposas, arañas e incluso la
tenia.
Aparte recrean los ecosistemas, con la flora y la
fauna de los páramos, de la Costa, la Amazonia y de las islas
Galápagos. Murales de cada uno estos se complementan
con vegetación como pajonales, plantas y árboles e incluyen
animales y aves.
Al mural de Galápagos, por ejemplo, se agregan cactus, aves como piquero de patas azules, iguanas marinas....
Media
hora toma el recorrido por las dos salas y la explicación depende
del auditorio. Al lugar acuden desde alumnos de jardines de
infantes hasta universidades.
Un mundo donde habitan 39 000 ranas y anfibios
Una habitación llena de armarios de madera y
a 15°C. Así es el cofre en el cual se
atesora una colección de
39 000 especímenes de anfibios y reptiles.
Ranas,
sapos, culebras, lagartijas, tortugas, caimanes permanecen guardados en
pequeños frascos de vidrio y repartidos en grandes armarios de madera.
Se
trata de una diversidad de especies de todo el país. Y de cada
ejemplar dispone la información científica: la especie, las
características, sitio de procedencia, situación de conservación y
más.
Sin embargo, si se
trata de ver a las ranas y sapos en vivo está la Balsa de los sapos,
considerada una analogía del Arca de Noé. Allí, un vivario,
cuida a unos 500 ejemplares de 20 especies en vías de extinción.
Una de ellas es la rana epibatidina, cuyo potencial biomédico radica en
una sustancia que guarda en la piel, 200 veces más poderosa que la
morfina.
En otra sala cercana se cuaja un avance científico. En
el laboratorio del Museo de Herpetología, la estudiante Andrea Terán
escucha una y otra vez la grabación en computadora el croar de
una rana. Sabe que se trata de una ranita bullanguera de la Costa, pero
su afán es descubrir con qué criterio la hembra escoge a un macho.
Pero
este museo guarda algo de mayor valía. En un congelador, a 72ºC
bajo cero, se mantiene almacenado el ADN de 9 000
ejemplares de anfibios y reptiles y puede ser usado en aplicaciones
insospechadas.