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¿En qué escenario ganó Correa?

Autora: Patricia del Torre Arauz
Quito, Septiembre 2006
CELA

La sorpresiva primera vuelta

Al finalizar la primera vuelta, con los resultados de los escrutinios oficiales, fueron varias las reflexiones que surgieron en torno al desempeño de la campaña de Noboa y a la de Correa. Surgían también reflexiones sobre lo sucedido con PSP, PSC, ID y PRE.

Una vez que Noboa se ubicó primero en el 26,83% de la votación (1.464.251) lucían como aciertos del candidato del PRIAN: 1) la “continua campaña” (liderada por la Cruzada Nueva Humanidad) enfocada en los sectores más pobres del Ecuador, compuesta de donaciones y brigadas médicas e iniciada por Noboa mucho antes de que empiece el período oficial de elecciones de 2006 (1); 2) la corrección de viejos errores cometidos en sus dos campañas anteriores como el mantenerse ausente de los medios de comunicación y el evitar compartir foros y/o debates con otros candidatos; 3) una estrategia política (2) que le apostó a la polarización del campo electoral en dos antagónicos: Correa y Noboa, “el Coronel y yo”, y 4) el uso de simbología tradicional - religiosa escenificada en la tarima a través de la práctica política - caritativa, y apoyada en las figuras discursivas de la “estabilidad”, el “libre mercado” y en la economía de las necesidades (vivienda, microcréditos, empleo, etc.).

Frente al segundo lugar de Rafael Correa surgían como hipótesis 1) que la estrategia de Alianza País, la invitación discursiva a “la Patria”, a la “Recuperación de la Patria por parte del Ciudadano” había sido incompleta e incluso utópica y 2) que la incipiente organización que lo lanzó a la candidatura no había podido articular los mecanismos suficientes para competir con la vieja y millonaria maquinaria electoral del PRIAN.

Noboa arrancaba “empoderado” la campaña de segunda vuelta y Correa después de conocer que había quedado en segundo lugar con un 22.84% (1.246.333) manifestó claros signos de inconformidad y desesperación, haciéndose constantes sus criticas y reclamos a las encuestadoras “involucradas” (en sus mediciones de intención de voto y en la realización de exit polls o encuestas a boca de urna), vinculadas, según Correa, a “la partidocracia y a la oligarquía corrupta del país”, a los organismos internacionales que participaron como veedores (OEA) y a un endeble Tribunal Supremo Electoral al cual se lo acusaba (con justa razón) de no haber sabido manejar el procesamiento de los votos y de ser un organismo que no garantiza la certeza del resultado.

El tercer lugar de Gilmar Gutiérrez en las elecciones presidenciales, con un 17.42% (950.895) de los votos lucía como la sorpresa del proceso. Es que casi nadie se esperó que después de la “revolución de abril” que terminó con la caída del Gutierrato y que tuvo una amplia acogida como objeto de análisis en los círculos académicos, políticos y periodísticos, el partido Sociedad Patriótica pudiera levantarse y recuperar su espacio en el poder: convirtiéndose en la segunda fuerza política del país ganando 24 escaños legislativos y triunfando en las elecciones presidenciales en once de las 22 provincias del Ecuador.

Ninguna encuestadora, ningún medio de comunicación, ningún analista, hubiera apostado a favor de ésta fuerza política. Surge como hipótesis que los Gutiérrez y su maquinaria partidista supieron potenciar y multiplicar la práctica política que habían puesto en marcha durante el gobierno de Lucio, basada en redes clientelares, patrimonialistas, familiares y lealtades de tipo militar. Este resultado dejó claro que la política no puede ser encerrada por un tipo de percepciones reproducidas en los medios de comunicación y en las imágenes de la televisión y que, tampoco ésta -la política-, descansa solamente en Quito, en la Capital. El mensaje fue claro: “la voz de todo un país no puede estar representada por un pequeño grupo de forajidos”. Sociedad Patriótica se convirtió en este proceso en uno de los actores claves a ser tomado en cuenta, no solamente para la segunda vuelta, sino también como una significativa fuerza legislativa en el futuro gobierno (ya sea formando parte de una Mega Aplanadora (3) en la participarían conjuntamente con el PRIAN Y EL PSC o como un aliado estratégico dentro del Congreso en lo que concierne a la instauración de Asamblea Constituyente propuesta por Correa).

Paralelamente a la subida del PRIAN y del PSP, y Alianza País (que pueden ser catalogados como partidos y movimientos políticos no tradicionales), fuimos testigos de lo que empieza a vislumbrarse como un momento de “crisis de los Partidos Políticos tradicionales” que habían representado al establishment durante estos 26 años de Democracia, y que tomaron cuerpo político bajo las estructuras del PSC, ID y PRE. El PSC que en la elección del 2002 presentó a Xavier Neira como su candidato presidencial obteniendo el 12.11% de la votación, en las elecciones de 2006 con Cynthia Viteri como candidata a la misma dignidad, obtuvo el 9.63% de los votos y su partido no colocó a más de 9 diputados (4). Con respecto a la ID, en el 2002 logró el 19.97% de los votos con el binomio Borja – García y en el 2006, la Alianza RED – ID que perfiló al binomio Roldós – González como uno de los más opcionados para la presidencia obtuvo 14.84% de votos. La alianza alcanzó no más de 15 diputados en conjunto (5). El caso del PRE no fue distinto a los anteriores, aunque talvez si más dramático. En el 2002 Jacobo Bucaram y Frank Vargas obtuvieron el 11.97%; en estas elecciones su candidato presidencial, Fernando Rosero, solamente alcanzó el 2.08% de la votación a nivel nacional . El número de diputados obtenidos por el PRE fue de 6.

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(1) “El TSE determinó el 20 de septiembre de 2006 que el candidato Álvaro Noboa gastó, antes del 29 de agosto de 2006, 3’849.782.57 dólares” (www.participacionciudadana.org 2006).

(2) Noboa supo cómo aprovecharse de la “indecisión ideológica” de Viteri que tardó en aceptar y defender su posición de derecha (perdiendo a muchos de los votantes de PSC) y también evadió a un confundido Roldós, todavía muy cercano a la partidocracia y que al tratar de aparecer como un candidato de la tendencia “progresista”, terminó compitiendo directa y exclusivamente con Correa.

(3) Así fue como lo denominó la Revista Vanguardia en su publicación del 31 de octubre al seis de noviembre del 2006.

(4) En el voto individual León Febrés Cordero obtuvo 69.618 ubicándose en cuarto lugar después de Anabella Azín (primer lugar) con 103. 581, Jimy Jairala 85.523 y Gabriela Pazmiño 74.961.

(5) La fuerza que había mantenido la ID en Pichincha y Azuay se puso en crisis, eran Alianza País y PSP los que tomaban para sí a estos electores.

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